El vía crucis más íntimo en Cádiz (Diario de Cádiz)

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Monseñor Zornoza, junto a la imagen del Santísimo Cristo de la Piedad. / JULIO GONZÁLEZ

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La pandemia se convierte en el hilo conductor de todas las meditaciones en la Catedral

El Cristo de Piedad ha presidido una ceremonia con mucho silencio

MELCHOR MATEO. Quien nos iba a decir que en el primer lunes de Cuaresma del año pasado, cuando ya teníamos el bicho en la puerta de entrada de nuestras vida casi sin saberlo, que el vía crucis de hermandades con la imagen de Jesús del Mayor Dolor iba a ser casi el único acto público que iba a haber en esos 40 días. El de un año después, es decir, el de este lunes, la palabra pandemia ha sonado decena de veces en la Catedral de Cádiz con la imagen del Santísimo Cristo de la Piedad presidiendo el altar mayor del templo catedralicio.

La vida nos ha cambiado y cuando nos limitan el movimiento, tenemos al Señor muerto en la Cruz sin que haya sido trasladado en procesión; cuando nos dicen que miremos más hacia nuestro interior, ahí hemos tenido el vía crucis oficial más íntimo y en silencio que se recuerda; cuando nos dicen que guardemos las distancias, ahí estaban los bancos con los representantes de las hermandades de Cádiz perfectamente separados con sus mascarillas. Un vía crucis histórico pero que seguro que nadie quiere repetir. Con el aforo limitado y con el apoyo musical de la capilla San Pablo, el obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza Boy, ha dicho que “los que estamos aquí nos erigimos en portavoces de los que no pueden estar por las restricciones”.

Y ha sido también muy especial porque muchos de los lectores que han participado guardan relación directa con la pandemia, entre ellos un representante sanitario (el delegado de la Pastoral de Salud, Fernando Carmona), otro del Ejército (el coronel del RACTA 4, Domingo Jarillo), un capellán del Puerta del Mar (Miguel Ángel González) o el superintendente de la Policía Local, Juan Manuel Padilla.

Y una estación tras otra, meditación con los tiempos que vivimos. Cuando Jesús carga con la cruz, “ayúdanos a soportar con paciencia esta cruz de la pandemia”. O cuando el cirineo ayuda a aliviar el peso que tiene el Señor, “este virus, que se ha cruzado es nuestras vidas está obligando a muchos a llevar la cruz de otras personas, nos está obligando a todos a cargar con la cruz del aislamiento y del temor”.

Ha sido el vía crucis en homenaje a a los que “limpian el sudor de la enfermedad de muchos rostros” , como las personas sin hogar, como si fuera la Verónica que enjugó el rostro de Jesús. También el consuelo, como el que tuvieron las hijas de Jerusalén, porque “el mundo está empapado con las lágrimas de las madres que han perdido a sus hijos por el sin sentido del terrorismo y de las guerras”. Y el del pensamiento por todos los que han fallecido, como Jesús murió en la cruz: “Te pedimos, Señor, que acojas a todos nuestros hermanos fallecidos por el coronavirus”.

Monseñor Zornoza, en su reflexión final animó a los fieles a ser cirineos, “para gente que necesita nuestra ayuda, para cada enfermo y cada persona que sufre y que llora”. Por ello, asegura que en estos tiempos de pandemia “debemos ser gente comprometida en servir y en volver a Dios”. Y dio ánimos “porque en la oscuridad, el Señor es nuestra luz”.


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