Jueves Santo de 1880: Derrumbe en la salida del Nazareno (Diario de Cádiz)

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Accidente con numerosos contusionados  

Los heridos fueron trasladados y atendidos en el cercano Hospital de San Juan de Dios

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JOSÉ MARÍA OTERO. En  el último tercio del siglo XIX eran muy escasas las cofradías de penitencia que salían a las calles de Cádiz para hacer su estación en la S.I. Catedral. El escaso número de hermanos, la falta de cuotas y el enorme coste económico que suponían las salidas procesionales motivaban que las cofradías acordaran, año tras año, permanecer en sus respectivos templos.

Las hermandades que  decidían alguna vez efectuar su salida procesional no tenían más remedio que esperar las ayudas del Ayuntamiento, del comercio  o de los vecinos. Hay que tener en cuenta que, además de cargadores profesionales,  la mayor parte de las insignias, estandartes, farolas y cruces eran portadas por personas que cobraban por ello.  En esas circunstancias no era extraño  que muchos años nuestra ciudad se quedara toda la Semana Santa sin una sola procesión. 

En 1880 parecía que tampoco habría procesiones, pero los vecinos del barrio de Santa María decidieron abrir una suscripción para que el Nazareno saliera en la tarde del Jueves Santo. Diario de Cádiz recogía diariamente  las listas de pequeños donantes que, finalmente, consiguieron recaudar los fondos necesarios. A la cabeza de los suscriptores figuraban varios toreros y tablajeros (hoy carniceros) del barrio. Las cofradías de la Columna y Ecce Homo, a la vista de las circunstancias,  acordaron también sumar esfuerzos y acompañar con sus respectivos Titulares a la cofradía de Jesús Nazareno en su salida del Jueves Santo.

La autoridad militar, por su parte,  cedió para la ocasión la prestigiosa banda del Regimiento de Ingenieros que dirigía Eduardo López Juarranz. Esta banda, el Domingo de Ramos, había estrenado en la misa celebrada en la iglesia del Carmen la composición ‘Ha muerto’, original del mismo director y que todavía hoy se ejecuta en los desfiles procesionales.

El Miércoles Santo de ese año, las insignias del Nazareno, acompañadas por varios penitentes, acudieron a la iglesia de San Antonio para recoger el paso de la Columna. A continuación marcharon a San Pablo, donde se unió el paso del Ecce Homo. Este pequeño cortejo, con la banda de música del Hospicio, se dirigió a Santa María para la procesión del día siguiente. Durante el recorrido, en la calle San Francisco,  se desplomó un cierro y una mujer resultó con heridas de cierta gravedad y tuvo que ser llevada a San Juan de Dios.

Imagen actual de las calles Santa María y Mirador.
Imagen actual de las calles Santa María y Mirador. / D.C. (Cádiz)

A las cinco de la tarde del Jueves Santo comenzó a salir la procesión de la iglesia de Santa María. Por aquellos años  el cortejo salía hacia el Campo del Sur, para tomar la calle Mirador y entrar en San Juan de Dios por la calle Sopranis.  Cuando la Cruz de Guía daba sus primeros pasos, con las calles, balcones y azoteas completamente llenas de público, se escuchó una tremenda explosión. Un balcón de la casa situada entre el Campo del Sur y la calle del Duque, hoy San Juan Bautista de la Salle, se había venido abajo debido a su mal estado y a las numerosas personas que lo ocupaban. El accidente afectó al público situado en las aceras y al propio cortejo. Hubo necesidad de suspender la procesión mientras se procedía a atender a los heridos y afectados. Milagrosamente, solo se produjeron catorce heridos, que en brazos del público y en sillas prestadas por los vecinos fueron llevados al cercano Hospital de San Juan de Dios.

Los heridos fueron atendidos por los doctores Durio, Lombera, Rey, Juliá y de Dios, pero la mayor parte solamente sufrían heridas sin importancia. Tres soldados que recibieron el impacto de los escombros fueron atendidos en el Hospital Militar de heridas también sin importancia. Solamente una mujer, Carmen Generosi, que vivía en la casa accidentada, quedó ingresada debido a estar embarazada de nueve meses. Al día siguiente dio a luz a una criatura sin vida.

Comunicada la noticia de la poca gravedad del accidente, la procesión del Nazareno continuó su camino con seis pasos, Columna, Ecce Homo, Magdalena, Nazareno, San Juan  y la  Virgen.

Días después tuvieron lugar solemnes misas para celebrar que no hubiera habido heridos graves tras un accidente de enorme envergadura, lo que fue calificado por todos como un hecho milagroso.


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