Versos de compás para ‘procesionar’ la esperanza (Diario de Cádiz)

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Iván Roa declama en el Gran Teatro Falla una encendida copla con la que consigue devolver a la calle a imágenes y cofrades 

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TAMARA GARCÍA. Aunque pueda resultar profano escribirlo, Iván Roa obró el milagro. Con sus «cuatro horquillas sacadas de un viejo recogedor», con su «frío en Arquitecto en acero», con ese padre «con un carrito entremedio de las sillas rompiendo diez espinillas», con su «pedazo de barreño de bacalao en tomate», con su dolor (esa «poesía que nunca ha terminado») y con sus recuerdos (…»porque al final de la cuesta siempre estará esperando, con la sonrisa despierta, de la forma más honesta, el niño de nueve años»), el pregonero de la Semana Santa 2021 puso los pasos en la calle y, con ellos, nos devolvió lo que el virus nos robó, la esperanza.

Porque con una encendida copla, de hechuras flamencas, de andares toreros, el devoto hermano, el sacrificado cargador, se ha echado a las espaldas la tarea de hacer su mayor levantá, la de aupar un pregón en el año más complicado para cofrades y no cofrades. Y lo hizo, gozoso e inasequible al desaliento, durante este mediodía de Domingo de Pasión en el Gran Teatro Falla:

«Podría haber recitado

el pregón de las tristezas

pero aquí vengo cantando

más alegrías que penas,

pues todos resucitamos

cuando se apague la cueva

de las tulipas del paso

cuando pase la pandemia» (…)

Un pregón alegre, un pregón de compás y de tronío, tanto que pedía sonanta y al final, hasta la tuvo. Un pregón que Roa interpreta con arrojo, como se interpreta el romance flamenco, pero también escrito con sumo respeto, como se escribe una carta de amor, y con fe, como se reza una oración.

Un pregón que tiene su raíz en el yo para aspirar a lo colectivo (¿o acaso existe otra manera de emocionar diferente a la que nace desde el propio sentir personal?), pegado a la difícil actualidad que nos toca vivir y un pregón, al fin y al cabo, armado con las tres columnas bases que tiene tener toda proclama que se precie: piropo, reivindicación y legado.

Ninguna de las tres premisas le faltaron al saludo del de la plaza de la Flores concebido como un recorrido día por día por todas las advocaciones que procesionan en nuestra Semana Santa sembrado por recuerdos personales (primera estación de penitencia, primera carga y hasta jugosas confesiones), nostalgias («el arco de la rosa» que «llora» porque no puede ver al Medinaceli), la presencia del pandémico presente (hasta en la escenificación con esa bata blanca y el fonendoscopio a los pies de las tres cruces que se erigen a un lado del escenario) y cierto toque de crítica (invocando a ese reloj que marcan las tres de la madrugada, «la hora» del Perdón).

«Las tres marca el reloj.

Esa hora tan nuestra;

la hora donde el corazón

marca con el minutero

que es la hora del Perdón»

Recitará acogiéndose también a la dualidad de este conjunto de imágenes que en la calle tienen una cara nocturna y otra diurna, que Roa se encarga de reclamar en su pregón:

«De día es la hora tuya,

aunque nadie me comprende,

pues de día eres la dulzura

de todas tus descendientes;

ancianos que con ternura

se despiertan tan valientes,

que se peinan y perfuman

para poder ir a verte,

haciendo esa hora suya

abrigados hasta los dientes,

agarrando tu cintura,

recordando esas veces,

que miraban a la luna

vestidos de penitentes.

Por eso es la hora tuya

aunque nadie me comprende»

De ellos, de los mayores, se acuerda Roa -que estuvo presentado por el pregonero de 2019, Vicente Rodríguez– en diferentes momentos de su proclama, los más perjudicados de esta pandemia, a la que también mienta en distintos estados de sus versos que se convierten en «oración vencida» cuando pide salud para tantos y tantos (para un pueblo entero, para sus ilusiones, para el te quiero, para los «sintecho», para el empleo (…) 

«Salud te pido con celo,

salud en este escenario, 

santa gloria para aquellos

santos ángeles del cielo

como son los sanitarios»

Un pregón que solita salud, sí, y que pide abnegación y perdón. «Perdón por no perdonar«, rezaría al Cristo de la Buena Muerte en San Agustín un Viernes Santo ( perdón por no perdonar a abusadores de niños, a políticos ladrones, al maltratador, a quien denuncia falsamente…)

Viernes Santo en San Agustín, pero también hay Domingo de Ramos en San José y en la calle San Pedro; y Martes en Parque Genovés con una imagen que es como esta ciudad «que se cae y se levanta/ sin dar nunca la espalda/ con valentía sin igual»); y Miércoles en Santo Domingo «donde Cádiz se abre al mundo» cumpliendo su promesa a la Esperanza Cigarrera, una que le hizo una tarde «antes de la primavera» (…) la «de escribir y recitarte letras para una princesa y versos para tus encajes, Esperanza marinera«.

Porque hay mucho de diario entre estas «gaditanas escrituras«, en esta recreación del «evangelio andante» que es nuestra cultura. Muchas historias pequeñitas en esta gran Historia con mayúsculas. La mentirijilla de ponerse años para entrar en la cuadrilla de forma precoz, el escaparse de las clases en Valcárcel para ir a ver a la «virgen más gaditana» («En Cádiz las penas sonríen/ somos así en la vida/ por eso no hay virgen más gaditana/ que las penas de la Viña«) o hasta la confesión de una pena en el alma, la de «no haber nacido viñero«.

Todo cabe, todo entra, en esta hermosa penitencia, en esta imaginada procesión ideada por Iván Roa para iluminar el camino hacia un mañana que conjuga en positivo con el verbo volver. Porque Volverán:

Las levantás

la plazuela repleta

las bolas de cera

las torrijas de las madres

las estrecheces

las cuadrillas sinceras (qué momentos más bellos tiene también Roa para la carga y la «oscuridad de los respiraderos»)

las cornetas

el incienso

los pregoneros a recitar sus romances…

Volverán pero, mientras, lean este pregón donde cabe hasta recitado, guitarra española incluida, al Nazareno.

Un acto recorrido por la emoción

Los cofrades gaditanos tenían ganas de verse las caras. Aunque fuera con mascarilla. Así, y aunque con un aforo reducido y con todas las medidas sanitarias que mandan los tiempos, el acto de la declamación del Pregón de la Semana Santa 2021 se convirtió en un acto recorrido de arriba abajo por la emoción.

Desde la misma entrada al escenario del Gran Teatro Falla de Iván Roa, que estuvo antecedido por las bonitas palabras del pregonero del año anterior, Vicente Rodríguez, al cerrado aplauso final, todo el acto se desarrolló jalonado por el calor del público que de vez en cuando hasta tomó la palabra para animar a su pregonero (hasta un «la que estás formando» se escuchó).

La cita, a la que acudieron autoridades religiosas, políticas y sociales de la ciudad como el alcalde de Cádiz, José María González, la concejala de Cultura, Lola Cazalilla, y el obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, que encabezó el rezó del Angelus, estuvo inaugurada y clausurada por la actuación de la Asociación Filarmónica de Conil que interpretó marchas como Regidor Perpetuo, AmarguraEcce Homo y Virgen de las Penas y los himnos de Andalucía y España para poner el broche de oro al emotivo acto.

Entre las medidas sanitarias que tomó el Consejo de Hermandades para el buen desarrollo de la cita estuvo aplazar la entrega a los asistentes del libro con el pregón. Así, en vez de a la salida, para no formar colas innecesarias, se entregará este lunes en su sede de la calle Cobos.


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