Querido Juan (Artículo de Ana Mendoza en La Voz de Cádiz)

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Juan Manzorro. Foto de la Voz de Cádiz

Mis recuerdos inevitablemente me llevan a ti en Semana Santa

hora que nadie me ve lloro mientras asumo que te has ido y que ya no estás con nosotros. Lloro de impotencia al comprobar una vez más que siempre se van los mejores, la gente buena. Eso eras tú ante todo Juan, una buena persona, además de un referente y un ejemplo a seguir. Sé que no te gustaba que te dijera que para mí eras un maestro en esto del periodismo porque me decías que te hacía mayor. Aunque supongo que también sin duda era por esa humildad que desprendías y que te hacía tan cercano en el trato desde el primer momento.

Te has ido justo cuando ya acariciamos una nueva Cuaresma, cuando ya empezamos a vivir el preámbulo de una nueva Semana Santa, la del regreso, y esto de no tenerte presente va a ser muy complicado.

Mis recuerdos inevitablemente me llevan a ti en Semana Santa. Tú con tu micrófono. Yo con libreta y boli en mano y escuchándote en la radio, aprendiendo. No te haces una idea de la alegría que me daba verte, encontrarte, en una salida procesional. Compartir contigo esos momentos era y será inolvidable para alguien que te ha admirado siempre. A pesar de mi inexperiencia me tendías la mano y yo me cobijaba en tu grandeza humana, y por qué no mentirte, también en tu estatura, para quedarme a tu lado en esos instantes de cierta bulla. Porque eras un maestro en todos los sentidos y sabías mejor que nadie donde había que estar para no estorbar y a la vez contar lo que sucedía.

Me sentía y me siento una privilegiada por haber vivido esos ratitos contigo. Por haber contado con tu ayuda, con tu colaboración y disposición siempre, tantas veces como te la he pedido. Porque nunca me dejaste plantada. Todo lo contrario. Siempre respondiste amablemente, cordialmente, a todo aquello para lo que te requería. Nunca podré devolvértelo. Me siento en deuda contigo. El año pasado, la última Cuaresma, me dejaste sin palabras cuando tuve el enorme honor de que nada menos que tú me presentaras en el acto de la revista Getsemaní del Consejo de Hermandades. Me dejaste abrumada cuando para hablar de mí recordaste aquella frase del gran Ryszard Kapuscinski que dice que «para ser buen periodista hay que ser buena persona». Justo eso eras tú, Juan. Los demás te intentamos seguir aunque no te alcanzaremos nunca porque lo has puesto muy, muy, difícil.

Hace poco te escribí para preguntarte cómo te encontrabas y tú una vez más, dándome una lección, me comentaste que estabas con buen ánimo y que con la ayuda de Dios tenías la Esperanza de curarte. Yo me aferré a eso también. Pero al final no ha podido ser Juan. Sólo me queda el consuelo de saber que ya descansas y que desde allí arriba nos sigues, nos acompañas y nos darás fuerzas para seguir adelante. Un abrazo enorme, amigo, compañero, maestro.


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